25 de junio de 2014

Dando pasos, tomando decisiones

Dando pasos, tomando decisiones.


He vuelto a mover ficha. A veces me cuesta mucho tiempo; otras poco. Y esto es así porque cada movimiento está pensado de forma estratégica, y mientras hay pasos que se deben dar rápidamente otros hay que pensarlos con cuidado para darlos en el momento adecuado, para así conseguir perder las menos piezas posibles y vigilar con cuidado el objetivo final que quiero alcanzar.

El problema que puede ocurrir es que dé mal algún paso y tome decisiones equivocadas. Esto me puede hacer perder alguna pieza, pero no debo quedarme pensando en que me irá mal, en que habrá problemas sí o sí e incluso en que perderé la batalla. Nadie dijo que nada fuese fácil. Sin embargo, tampoco tengo por qué equivocarme si pienso detenidamente todas las opciones que me permite el tablero y a las que mi ficha puede acceder con los movimientos que es capaz de realizar.

Y es que… el conjunto de pasos que dé me presentará un abanico de opciones que me hará tomar decisiones que me llevarán por un camino u otro, que podrá ser más sencillo o más complicado, que podrá ser uno que espere o que por el contrario, me sorprenda, pero ante todo será el camino que yo y sólo yo haya elegido porque al fin y al cabo yo seré quien deba recorrerlo.


La magia de las palabras
Natalia Ortiz ©

7 de junio de 2014

Castillos de confianza

La amistad se gana día tras día con esfuerzo, el cual construye un castillo consistente en ladrillos formados con cariño. Sin embargo, la enemistad no tiene tanta responsabilidad porque sólo basta saber cómo dañarNatalia Ortiz



Es una frase que escribiría por el año 2009 a lo sumo. Han pasado los años y sin embargo, pasen los años que pasen, cambie lo que cambie, sigo pensando que es así, que los cimientos de la amistad van a ser siempre los mismos: cariño, compresión, confianza.

Y en cualquier terreno, ya sea relativo a la amistad, al amor… la confianza cuesta mucho ganarla y poco perderla.

 

Se gana día tras día al hablar, al estar con esa persona; compartiendo momentos felices y momentos duros, alegrías e incluso problemas. Y cuando así poco a poco la vamos ganando junto al cariño, la compresión, la seguridad y todo ese cúmulo de sensaciones que nos brinda una persona cuando nos llena con su amistad o con su amor (aunque cada circunstancia tenga sus matices y diferencias), queramos o no, hemos creado un castillo a través de esos cimientos. Somos conscientes de que si queremos una casa sólida en la que vivir que resista el calor, el frío, las tormentas, huracanes y otros fenómenos atmosféricos, deberá ser construida día tras día con tiempo, paciencia, los materiales adecuados, etc. En el caso que nos ocupa, ocurre exactamente igual. Si los cimientos son malos, si nos basamos en mentiras, en querer estar con esa persona sólo cuando nos interesa o para según qué circunstancias, no será sólido y antes o después será destruido.   

Ahora bien, cuando ese amigo o esa pareja nos quiere para todo y somos felices, en ocasiones también puede ocurrir que cometa un grave error, que nos engañe o mienta de alguna forma, que nos decepcione con su comportamiento porque no esperábamos algo así, porque confiábamos en esa persona. Y así como el dolor físico se puede paliar con medicinas y con el tiempo se desvanece, el emocional queda ahí y el recuerdo nos acompaña para recordarnos que si una vez ocurrió podría haber más, lo que hace que nos preguntemos: ¿cómo sé que no me volverá a fallar?


Y es que una vez hecha la brecha, la herida se cierra dejándonos una cicatriz, pero no una cicatriz cualquiera, sino una de las internas, de las que quedan dentro del alma hiriendo en lo más profundo de nuestro ser, pues ese castillo que tanto tiempo costó construir, aunque quizás haya podido ser derribado, sabes que existió y que no será fácil olvidarlo o dejarlo aparcado en algún lugar de tu memoria de difícil acceso. Y si esa persona no se da cuenta de lo que ha hecho, no cambia, no nos devuelve esa seguridad que teníamos, nos puede perder para siempre.

Es cierto que las personas somos humanas y eso implica que como tales somos imperfectas. A veces fallamos a la gente que queremos, que nos quiere y confía en nosotros ciegamente, y que incluso nos puede llegar a tener en un pedestal, con lo que fallarles les puede suponer una enorme decepción que normalmente no esperan y que probablemente no merezcan.


Y si te ves en una situación tal que así, espero que sepas mirar hacia delante, tanto si esa persona se muestra arrepentida y te demuestra todo lo que le importas, como si no lo hace e incluso deja de formar parte de tu vida porque las personas que merecen estar contigo son las que de verdad te quieren y te aprecian.



La magia de las palabras
Natalia Ortiz ©

Texto: Natalia Ortiz

Imágenes: Google imágenes
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